El otro protocolo

Llevaba unas semanas guardándome este post para no ser uno más pescando a río revuelto, pero ahora que Teresa, la enfermera afectada por el ébola, parece recuperarse, ha llegado el momento.

Había un protocolo para luchar contra la enfermedad, mejor o peor, con mayor o peor fortuna en su aplicación, pero lo había. El personal sanitario, cuando la crisis aprieta, responde, y bien. Enhorabuena a Teresa y a quienes la han tratado.

Quien no tenía un protocolo adecuado de comunicación ante una posible crisis era el ministerio de Sanidad. En lugar de dar la cara con una sola voz enfrentando el problema y buscando soluciones, la principal institución sanitaria montó una precipitada rueda de prensa entre varios médicos a los que aún les faltaba información y una ministra que, lejos de liderar la situación, se limitaba a pintarrajear en un papel.

La ministra huyó durante los primeros dos días, cediendo el marrón a su segunda de a bordo. Más tarde su propio Gobierno la empujó a un lado en una comisión liderada por la vicepresidenta. En esos momentos, cuando lo importante era generar confianza en las instituciones, Ana Mato montó un circo y los medios, aplaudidos por un público ávido de amarillismo, se vinieron arriba contribuyendo a generar una alarma social difícil de justificar.

Ni hubo coordinación en el mensaje, ni un liderazgo claro de cara a los ciudadanos, ni nada parecido a un esfuerzo coordinado por generar confianza y mostrar avances en la solución del problema. Cada uno a lo suyo, como si esto fuera un caso más de corrupción del que defenderse (será la costumbre) y no una alarma sanitaria. Política de comunicación propia de Sálvame Deluxe cuando lo que se necesita es responsabilidad.

En España hay buenos médicos en los que podemos confiar, como ha quedado claro, pero también hay buenos gestores de comunicación en casos de crisis que no hubieran permitido la improvisación de Sanidad y del Gobierno ante la opinión pública. Estas cosas se trabajan de antemano en casi todas las empresas privadas. En las instituciones públicas, cuya responsabilidad es mayor si cabe, está claro que no.

Cuando la crisis aprieta hay que generar confianza y liderar la búsqueda de soluciones. Eso, en el caso del ébola, es lo que han hecho los médicos mientras políticos y medios de comunicación rociaban con gasolina el fuego que ellos mismos habían encendido.

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