Por la cara

Los analistas sesudos se debaten entre si ha sido la tele o Twitter el que ha dado cinco escaños a Podemos. Cada uno a lo suyo, como siempre, perdiendo de vista lo obvio. Igual Podemos ha conseguido votos por la cara, por dar la cara en público, se entiende.

Antes de la campaña electoral el resto de partidos se escondía detrás de sus plasmas, sus telediarios y sus periódicos, sin entrar a ningún debate cara a cara. Para eso, las siglas habituales disponen de avatares, contertulios, que acaban representando a los que deben representarnos en los cacareos televisados, radiados o tuiteados. Y ante el original, los avatares pierden sentido, no transmiten igual el mensaje.

Si los habituales han visto bajar su apoyo en las urnas es por no asumir responsabilidades rindiendo cuentas ante quienes les pusieron en el gobierno o en la oposición, por delegar en subproductos a la hora de relacionarse con la opinión pública. Si las cosas cambian a peor para los acomodados es en gran medida por la manía de no dar la cara.

Lo que te conviene

— Lo que te conviene es ir al gimnasio, cambiar ese coche viejo, salir a cenar por el centro, comprarte una bici, suscribirte a Spotify, aprovechar los sábados por la mañana para ir a alguna exposición antes del vermú, ver mundo, escribir un blog y actualizar más Twitter, pasar por el spa un par de veces al mes, cambiar el Beefeater por la Bulldog, probar algún deporte de riesgo, ir más al cine, comprar unas zapatillas de pronador, buscarte un hobbie que dé rienda suelta a esa creatividad que llevas dentro, cambiar el bus por el tren y leer la colección completa de ‘Juego de tronos’.

— Lo que pasa es que cobro 500 euros al mes.

— No pongas excusas.