La rutina Justin Bieber

Prefiero las portadas de discos en las que no salen los miembros del grupo. Le dan relevancia a lo importante, a las canciones que contienen, y no a quienes se apuntan el tanto de haberlas encontrado. Los artistas que dedican el 90% de su tiempo a la promoción y el 10% a salir del paso con un estribillo insulso me caen mal.

La misma rutina, la empleada por Justin Bieber, se traslada demasiadas veces al resto de los ámbitos, especialmente al profesional. Y ahí está la diferencia entre la gente que hace cosas y la gente que no hace otra cosa que contar lo poco que hace. Emprendedores que no emprenden – búsqueda rápida en Twitter, 15 de 20 entre los primeros resultados-, pontífices del periodismo que alguna vez contaron algo pero ya ni se acuerdan, gurús dospuntoceristas que tan sólo han asistido a un cursillo. Ruido, mucho ruido.

Del ruido no se vive, al menos no de un modo sostenible, que hasta la espuma de la cerveza más densa acaba cediendo. Justin Bieber va camino de convertirse en Macaulay Culkin -sí, he mirado en Google cómo se escribe-. Vivan los Rolling Stones.

 

Se nos amontonan las anécdotas

Es un clásico, un imbécil dispara una bengala por error y 10 idiotas ven un OVNI cuya realidad intenta ocultar el ejército. El debate se centra en el punto luminoso y nos olvidamos de la actitud del imbécil. Así son la mayoría de las noticias que llenan ahora los periódicos, sucesos que nacen de un despiste amparado por un exceso de confianza y acaban convirtiéndose en portada.

Nos quedamos con cada caso y al final se amontonan como anécdotas difíciles de recordar aunque sean cercanas en el tiempo. Pierden valor entre la maraña y nos olvidamos de lo importante, de que si a cada despiste aflora una desvergüenza es porque detrás de la capa de pintura había un muro de basura.

Y seguimos sorprendiéndonos con cada desconchón, tratando de taparlos con más capas de pintura. ¿Alguien tiene una bola de demolición a mano?

La culpa es de la educación

A mediados de la década de los 60 del siglo XX el 17,1% de la población española era analfabeta. Sólo tres de cada 100 alumnos escolarizados consiguieron acabar una carrera universitaria y, entre los que lo hicieron, apenas un 0,5% eran hijos de obreros no especializados. No es difícil deducir que del 99,5% restante -un reducido grupo de elegidos aislados de la realidad y beneficiarios de un sistema desigual- surge el grupo de personas que aún lleva las riendas del país.

Sí, la culpa del paro puede que sea de la educación, de la educación que tuvieron quienes deciden las cosas. Su problema es que ahora todos sabemos leer y escribir.

NOTA: Los datos están sacados del Libro Blanco para la Educación de 1969 (made in Franco). Yo los he visto aquí.

Humanidades digitales en la Universidad del Pacífico

Hace un par de semanas tuve el grandísimo honor de abrir el ciclo de conferencias sobre ‘Humanidades digitales’ de la Universidad del Pacífico (Lima). Es de agradecer que haya quien empiece a mirar a las redes sociales como algo más que un conjunto de herramientas cuyo manual de uso se convierte en asignatura para escuelas de negocio. He aquí mi aportación a la causa: 

Gracias al profesor Ángel Pérez por la iniciativa y a todos los colegas de la universidad y de BBVA Continental por los estupendos días que pasamos en Lima compartiendo experiencias.