Cuestión de prioridades

El trabajo de un periodista/comunicador consiste, en gran medida, en fijar prioridades. Esto sucede especialmente cuando hay que comunicar una tragedia. Lo primero debería de ser contar los hechos contrastados y ofrecer la información de servicio necesaria para ayudar a las víctimas y a los afectados en un sentido amplio. Ellos son el primer público al que dirigirse. Y siempre con el apoyo directo de las fuentes que pueden aportar información precisa y útil.

Lo demás, la caza de la imagen más morbosa, las declaraciones que no aportan nada más que notoriedad al político de turno, los testimonios de testigos en estado de ‘shock’ que contribuyen a la confusión, la anécdota lateral que desvía la atención, el baile de números, etc., sobra. No sólo genera ruido, además hace daño en la mayoría de las veces al primer grupo de interés al que deberías de estar ayudando: los afectados.

En un caso como el de Galicia, la carrera por ser el primero -a costa de información imprecisa-, ganar audiencia (dinero) o favorecer la imagen del político de turno no puede convertirse en prioridad. El problema es que en algunas ocasiones lo es, demostrando que la ética que reclamamos para otros sectores nos la trae al pairo con tal de ganarle un pulso absurdo al competidor. PUAJ.

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