La rutina Justin Bieber

Prefiero las portadas de discos en las que no salen los miembros del grupo. Le dan relevancia a lo importante, a las canciones que contienen, y no a quienes se apuntan el tanto de haberlas encontrado. Los artistas que dedican el 90% de su tiempo a la promoción y el 10% a salir del paso con un estribillo insulso me caen mal.

La misma rutina, la empleada por Justin Bieber, se traslada demasiadas veces al resto de los ámbitos, especialmente al profesional. Y ahí está la diferencia entre la gente que hace cosas y la gente que no hace otra cosa que contar lo poco que hace. Emprendedores que no emprenden – búsqueda rápida en Twitter, 15 de 20 entre los primeros resultados-, pontífices del periodismo que alguna vez contaron algo pero ya ni se acuerdan, gurús dospuntoceristas que tan sólo han asistido a un cursillo. Ruido, mucho ruido.

Del ruido no se vive, al menos no de un modo sostenible, que hasta la espuma de la cerveza más densa acaba cediendo. Justin Bieber va camino de convertirse en Macaulay Culkin -sí, he mirado en Google cómo se escribe-. Vivan los Rolling Stones.

 

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