Caballo de Troya

En los eventos públicos hay cosas que pasan desapercibidas. Se debe, en gran medida, a la capacidad de la audiencia para escuchar de un modo selectivo y hacer caso tan sólo a aquellos argumentos que confirman sus propias teorías. Es lo que podríamos llamar el “Efecto ‘Salvados'”.

El pasado viernes tuve el placer de moderar una charla sobre generación de empleo (sí, se puede) entre Juan Luis Polo (Territorio Creativo) y Julio Alonso (Weblogs SL) en el III Congreso Iberoamericano sobre redes sociales, iRedes. La cobertura del evento fue amplia, y los titulares de lo más variado, pero nadie ha publicado nada sobre una de las frases que, a mi juicio, mejor definen el panorama de la comunicación ‘dospuntocerista’ a estas alturas del siglo XXI: “La etiqueta “social media” es un caballo de Troya”. La pronunció Juan Luis y estoy de acuerdo al 100%.

Del mismo modo que en los medios tradicionales ser “del papel” o “de la web” se ha convertido en un elemento restrictivo para el periodista, que debería de hacer su trabajo independientemente del canal de difusión que toque en cada momento, la etiqueta “social media” ha pasado a ser un obstáculo para quienes aspiran a vivir de la comunicación en un sentido amplio.

Si una empresa se centra en el “social media” de un modo exclusivo puede parecer moderna, pero está limitando su campo de actuación al condicionarlo a una serie de herramientas que forman parte de una realidad más amplia. Las plataformas de redes sociales ayudan a mejorar los procesos comunicativos, transforman nuestro modo de hacer las cosas, me atrevería a decir que hasta nos hacen mejores en algunos casos. Pero eso no significa que puedan sobrevivir de un modo aislado.

Si las redes sociales tienen sentido es como herramienta de apoyo a procesos en los que se conjugan muchos más elementos, dentro y fuera de Internet. Si no las integramos en lo que hacemos de un modo natural, si las planificamos como algo aparte, lo único que acabaremos consiguiendo es aislamiento, y utilizar herramientas de comunicación para quedarse solo es del género tonto.

Más allá de la frase puntual, la conversación entera, espesita pero jugosa:

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