Ánimo, sherpas

Los sherpas abrieron huella hacia la cumbre con todo en contra. Pusieron cuerda en plena nevada y dejaron los campos preparados. No sirvió para nada. Los domingueros de la expedición trataron de subir el ochomil en coche y, ante la imposibilidad de hacerlo, se quedaron comiendo de sus tarteras en la falda del monte. El gran alpinista, con varios libros publicados sobre el tema, resultó ser un patoso y no pasó del campo base. Amparándose en su superioridad, y al grito de “esta fiesta la pago yo”, el gran alpinista culpó a los sherpas de su fracaso y los despidió. A los dos días, les quitó las tarteras a los domingueros, los mandó para casa y se quedó en el campo base esperando a que un milagro lo impulsara hacia la cumbre.

NOTA: Esta paja mental no tiene nada que ver con el alpinismo, no es más que una crónica disfrazada de lo que ha pasado en muchos grandes grupos de medios. Ánimo, sherpas.

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