Afinar es de cobardes

@txemavalenzuela

Humanidades digitales en la Universidad del Pacífico

Hace un par de semanas tuve el grandísimo honor de abrir el ciclo de conferencias sobre ‘Humanidades digitales’ de la Universidad del Pacífico (Lima). Es de agradecer que haya quien empiece a mirar a las redes sociales como algo más que un conjunto de herramientas cuyo manual de uso se convierte en asignatura para escuelas de negocio. He aquí mi aportación a la causa: 

Gracias al profesor Ángel Pérez por la iniciativa y a todos los colegas de la universidad y de BBVA Continental por los estupendos días que pasamos en Lima compartiendo experiencias. 

Lo de la potencia sin control o el vísteme despacio

“Yo primer, yo primer”. La frase anterior se repite mucho en dos ambientes: los patios de colegio y las conversaciones entre periodistas en Twitter cada vez que se produce un suceso importante. En ambos casos, es una chiquillada que no va más lejos.

Hay dos casos recientes que demuestran que la batalla por la inmediatez tal y como la conocíamos ha pasado a ser algo ridículo. El primer ejemplo es el del atentado en Boston. En un sitio lleno de gente conectada a través del móvil no hay primicia que valga. Ahí el buen periodista no es el mas rápido, en ese momento triunfa el que mejor sabe agregar los datos, verificarlos, interpretarlos y distribuirlos. Mientras los testigos nos trasladan la actualidad a borbotones, el periodista tiene que ser capaz de unir las piezas para hacer un buen relato. Aunque se retrase media hora. Casi nadie lo hizo.

El segundo caso se repite en España todas las semanas. Los domingos por la noche Jordi Evolé hace un programa, ‘Salvados’, que no para de ganar audiencia y generar opinión. Los contenidos del programa se basan en un 80% en noticias ya publicadas en periódicos, así que, cuando el público se sorprende en Twitter del tema de la semana, aparecen rápidamente periodistas repitiendo el “yo primer, yo primer”. Y es verdad, Jordi pierde la batalla de la inmediatez, pero gana otra que algunos medios tradicionales han perdido: la de fijar la agenda.

La inmediatez sigue teniendo vigencia cuando el periodista destapa una noticia, no cuando relata un suceso, pero no sirve para nada si el tratamiento no es el adecuado. Si publicas una noticia exclusiva en un breve o en un suplemento local mientras en la apertura de tu medio sólo hay declaraciones del partido A contra el partido B, no te enfades si Evolé coge tu tema y lo convierte en TT mundial. Fuiste “primer”, pero no sirvió de mucho. Como en el anuncio de la potencia sin control.

La manía de extender los malos vicios ochenteros al siglo XXI

Hay preguntas que dejan al aire actitudes más desfasadas que un videoclip de Modern Talking. Al hablar de dospuntocerismo se repite mucho una (ayer me la hicieron unas cuatro veces): ¿Qué departamento de una empresa debe aglutinar el trabajo en redes sociales?

En cuanto oigo la pregunta, aun sabiendo que es bienintencionada, mi temperatura corporal sube varios grados y tiendo a responder planteando otros retos absurdos: ¿Qué departamento de una empresa debe centralizar las llamadas de teléfono? ¿Quién es el encargado de pasar los textos a papel?

No se puede ir de moderno y mantener actitudes propias del antiguo régimen. La territorialidad mal entendida de las estructuras empresariales, la acaparación de poder interno mediante el monopolio de una herramienta, es uno de los factores que sin duda impulsa al precipicio a las compañías más veteranas.

Si una nueva herramienta favorece la consecución de los objetivos o mejora el trabajo de un departamento, de cualquier departamento, limitar su control a un territorio marcado cual león africano es ponerse límites y frenar el desarrollo de toda la organización. Hay que admitir que no sabemos de todo, y que el nuevo entorno exige un modo de trabajo transversal en el que cada uno aporte su experiencia completando la de los demás, no acaparándolo todo.

Las redes sociales sirven para un montón de cosas: comunicar, vender, anunciar, atender al cliente, captar talento, recoger información de mercado, desarrollar producto, mejorar los procesos, etc. Lo ideal es que en un ambiente coordinado y transversal cada área aporte y ejecute su parte sin ver al resto de departamentos como si fueran la competencia: deben de ser un complemento o una ayuda. Coño, que son tus compañeros.

La territorialidad mal entendida es muy del siglo XX, y puede ser comprensible que aún queden cabezas amuebladas a la antigua usanza, con sevillanas o muñecas legionarias tocando la trompeta encima del televisor, pero de eso han pasado ya muchos años, muchos, más de media vida para la generación que nos echará a patadas si seguimos pensando que la estética de ‘Tocata’ era elegante.

Esa obvia falsedad llamada “gratis total”

Aviso: Este post, como casi todos, sólo incluye obviedades.

No para de repetirse una frase que odio: “En Internet se ha instalado el gratis total”. Se usa para culpar a los demás o a un supuesto ente abstracto con mucho poder de la falta de ingresos de una determinada industria que no acaba de saber cómo reciclarse. Les va a pasar a todas, pero de momento llevan la delantera el sector musical, el editorial y el de los medios de comunicación.

La verdad: Internet es de pago, siempre, otra cosa es quién pague la factura y si lo hace de un modo directo o indirecto. Los periodistas comemos, los músicos comemos (algo menos, es cierto), los diseñadores comen, los desarrolladores no paran de comer y hasta los community managers comen. Bien es verdad que cada vez hay más bocas aplicándose a la misma tarta y la desnutrición es tendencia, pero es innegable que toda acción desarrollada en Internet implica una transacción económica, o muchas a la vez. Puede que seas tú el que se rasque el bolsillo, o que lo sean tu marca favorita o la multinacional que más odias, pero alguien paga la factura. Ninguna de las plataformas en las que te mueves, en las que consultas información, trabaja gratis. Y eso es bueno, recordad que todos comemos.

Entonces, ¿cuál es el problema? El problema generalmente es que las empresas tradicionales de las industrias antes citadas pretenden mantener sus grandes trozos de tarta en un escenario donde la oferta se multiplica exponencialmente cada día, bajando obviamente el precio del producto.

Ahí está el tema, no puedes pretender mantener tus precios sin modificar tu modelo de producción ni la calidad del servicio. Tus nuevos competidores, nacidos en el nuevo entorno, te pueden comer con patatas. Es por eso que los modelos de pago pueden no servir para nada si no van acompañados de un cambio mucho más profundo que eleve el precio de lo que haces en un nuevo escenario más competitivo. No vale dormirse y reclamar “lo que es mío”, no hay derechos adquiridos, toca hacerse valer de nuevo.

Continuará.

Guía para no parecer el último mono

Decía esta mañana en Twitter @pepecerezo que cada día hay un nuevo ‘chief’ en las organizaciones. Hoy anunciaba el alumbramiento del Chief Experience Officer. La locura del personal por tirarse el pisto y darse importancia está desatada, será por eso de la ‘marca personal’, que no permite aceptar en público que uno es un pringao. Para evitar que los demás sepan que no eres más que un currante en tu empresa se ha puesto de moda utilizar la palabra “chief”, algo así como jefe en inglés, que viste más y te permite tener un título, aunque sea el equivalente al de capitán general del cuarto de baño de tu casa.

La Wikipedia ofrece una completa lista de titulillos a elegir para salir de la rutina y darle caña al postureo laboral. Elige el que más te guste y suéltalo alegremente cuando alguien te pregunte a qué te dedicas:

Chief executive officer
Chief operating officer
Chief information officer
Chief technical officer
Chief accounting officer
Chief administrative officer
Chief analytics officer
Chief channel officer
Chief compliance officer
Chief communications officer
Chief Customer Officer
Chief data officer
Chief financial officer
Chief governance officer
Chief information security officer
Chief knowledge officer
Chief learning officer
Chief legal officer
Chief marketing officer
Chief networking officer
Chief process officer
Chief procurement officer
Chief risk officer
Chief science officer
Chief strategy officer
Chief sustainability officer
Chief visionary officer

Cualquier gurú te asegurará que es ‘superimportantedelamuerte’ para las empresas tener todos estos “chiefs”, si no, se van a la quiebra en dos patadas. Eso sí, a mí me ronda siempre la misma pregunta: Si hay tantos jefes…¿quién trabaja?

El 2.0 ha muerto

Nació cuando ya llevaba años andando y ha muerto, aunque algunos no lo sepan, cuando el cadáver ya está frío. Antes que los periódicos de papel. El 2.0 es un extra más de ‘The walking dead’, un zombie que mete miedo a los incautos que no son capaces de darse cuenta de que corriendo, algo tan analógico, se puede escapar de la pesadilla.

La etiqueta 2.0, como promesa de futuro y creadora de un entorno nuevo ajeno a lo demás, huele a naftalina. Pero da igual, hay creyentes aún en una realidad paralela, como hay quien cree que las pirámides de Egipto las hicieron los marcianos.

Afortunadamente, las herramientas de comunicación social son mucho más que una etiqueta y, lejos de habitar un mundo aparte, se integran en el único que tenemos para cambiar nuestro modo de hacer las cosas y facilitarnos la vida en muchos sentidos (también hay quien se la complica, pero eso es otra historia).

Así que, atención, magufos dospuntoceristas, no tratéis de impresionar a vuestros clientes con discursos sobre el milagro de la monitorización y el peligro de las conversaciones ajenas, sobre la influencia descomunal de vuestros amiguetes o sobre lo importante que es esa marca personal capaz de convertir en bidimensionales y plastas a seres de carne y hueso. Ya no cuela. Intentad conocer el contenido de lo que hace vuestro cliente, su modo de funcionamiento, aprended de él para aprovechar el nuevo entorno, pero no deis lecciones basadas en los blogs corporativos de Facebook o Twitter, que a eso tiene acceso cualquiera.

Aunque no os lo queráis creer, la gallina de los huevos de oro ha muerto y la mayoría de la gente sabe que la homeopatía no cura. Las redes sociales se han integrado en el entorno y no necesitan ser tratadas como algo aparte. Dejad de reducir a una etiqueta molona una de las mejores herramientas de comunicación que conocemos.

Caballo de Troya

En los eventos públicos hay cosas que pasan desapercibidas. Se debe, en gran medida, a la capacidad de la audiencia para escuchar de un modo selectivo y hacer caso tan sólo a aquellos argumentos que confirman sus propias teorías. Es lo que podríamos llamar el “Efecto ‘Salvados’”.

El pasado viernes tuve el placer de moderar una charla sobre generación de empleo (sí, se puede) entre Juan Luis Polo (Territorio Creativo) y Julio Alonso (Weblogs SL) en el III Congreso Iberoamericano sobre redes sociales, iRedes. La cobertura del evento fue amplia, y los titulares de lo más variado, pero nadie ha publicado nada sobre una de las frases que, a mi juicio, mejor definen el panorama de la comunicación ‘dospuntocerista’ a estas alturas del siglo XXI: “La etiqueta “social media” es un caballo de Troya”. La pronunció Juan Luis y estoy de acuerdo al 100%.

Del mismo modo que en los medios tradicionales ser “del papel” o “de la web” se ha convertido en un elemento restrictivo para el periodista, que debería de hacer su trabajo independientemente del canal de difusión que toque en cada momento, la etiqueta “social media” ha pasado a ser un obstáculo para quienes aspiran a vivir de la comunicación en un sentido amplio.

Si una empresa se centra en el “social media” de un modo exclusivo puede parecer moderna, pero está limitando su campo de actuación al condicionarlo a una serie de herramientas que forman parte de una realidad más amplia. Las plataformas de redes sociales ayudan a mejorar los procesos comunicativos, transforman nuestro modo de hacer las cosas, me atrevería a decir que hasta nos hacen mejores en algunos casos. Pero eso no significa que puedan sobrevivir de un modo aislado.

Si las redes sociales tienen sentido es como herramienta de apoyo a procesos en los que se conjugan muchos más elementos, dentro y fuera de Internet. Si no las integramos en lo que hacemos de un modo natural, si las planificamos como algo aparte, lo único que acabaremos consiguiendo es aislamiento, y utilizar herramientas de comunicación para quedarse solo es del género tonto.

Más allá de la frase puntual, la conversación entera, espesita pero jugosa:

Los alquimistas y la “marca España”

Hay quien cree firmemente que la comunicación tiene superpoderes, que permite convertir el plomo en oro, o al menos hacer que lo parezca para que los demás paguen un precio desorbitado por una pesada carga. Para estos alquimistas, la marca es la piedra filosofal capaz de hacer que el vulgo confunda una realidad mísera con el jardín de las delicias. 

Olvidan que una marca no es más que una consecuencia, que la comunicación es una vía de transmisión y no de transformación o maquillaje. En ese caso no hablaríamos de comunicación, hablaríamos directamente de manipulación o mentira burda. Creo que la comunicación tiene otros poderes transformadores, pero por la vía del convencimiento ajustado a la realidad, no de los fuegos artificiales. 

Si nos empeñamos en hacer ver a los demás lo que no es, si pensamos que hay que hacer un esfuerzo para que el resto del mundo crea que España es el país de las maravillas, seguiremos enrocados en un sistema enfermo que se mantiene en pie a zarpazo limpio mientras asumimos la anomalía como rutina. Si contamos lo bueno y lo malo, que tenemos mucho, al menos seremos conscientes de nuestra realidad para poder cambiarla. 

Si la “marca España” va a ser una careta, yo me la quito. 

EL POSTRE: Para escuchar de fondo, ‘Múltiplos de cero’, el nuevo artefacto musical que hemos perpetrado en 57 grados

El chivo expiatorio

Dios, el diablo, la mala suerte, la energía negativa, el mal de ojo o Sauron, para los habitantes de la Tierra Media, han sido tradicionalmente los chicos expiatorios más populares, aquellos a quienes culpamos de nuestra desdicha aunque el origen de nuestros males sean nuestros propios actos.

En estos momentos, para quienes siguen atrapados en los años 80, todos estos responsables de las calamidades que nos azotan han sido reemplazados por un ente al que atribuyen poderes oscuros y omnipotentes: Internet.

No se dan cuenta de que su nuevo Belcebú no se parece en nada a los anteriores. Para empezar, tenemos pruebas de su existencia, lo hemos creado nosotros. Además, hace lo que le decimos, no es más que una herramienta tonta. Tan tonta como un cuchillo, pura bondad si Chicote corta cebolla y el mal hecho metal (toma expresión heavy cual lluvia de hachas) si lo agarra Dexter Morgan.

Internet no le hace mal a nadie, ni bien, son quienes lo usan los que le añaden la connotación moral. Si te crees una foto falsa no culpes a un conjunto de cables y chips, igual es que cuando coges el cuchillo eres como Pepe Viyuela.

Banda sonora del post: ‘La culpa fue del cha cha cha’ de Gabinete Caligari.

Grandes clásicos de ayer y hoy

El siguiente post es un plagio de un bloguero del siglo XVI de cuyo nombre no estamos seguros, pero que, a juzgar por la evolución de sus textos, debió de tener un Klout bastante alto. Lo que él hace, asistir a un corrupto y denunciarlo por carta décadas después amparándose en el anonimato, se ha convertido con el paso del tiempo en un clásico de la realidad que nos rodea. El post:

“En el quinto por mi ventura di, que fue un buldero, el más desenvuelto y y desvergonzado y el mayor echador dellas que jamás yo vi ni ver espero, ni pienso que nadie vio, porque tenía y buscaba modos y maneras y muy sutiles invenciones.

En entrando en los lugares donde habían de presentar la bula, primero presentaba a los clérigos o curas algunas cosilla, no tampoco de mucho valor ni substancia: una lechuga murciana, si era por el tiempo, un par de limas o naranjas, un melocotón, un par de duraznos, cada sendas peras verdiniales. Así procuraba tenerlos propicios, porque favoreciesen su negocio y llamasen sus feligreses a tomar la bula. Ofreciéndosele a él las gracias, informábase de la suficiencia dellos. Si decían que entendían, no hablaba palabra en latín, por no dar tropezón, mas aprovechábase de un gentil y bien cortado romance y desenvoltísima lengua. Y si sabía que los dichos clérigos eran de los reverendos, digo que más con dineros que con letras y con reverendas se ordenan, hacíase entre ellos un Sancto Tomás y hablaba dos horas en latín -a lo menos que lo parecía, aunque no lo era.

Cuando por bien no le tomaban las bulas, buscaba cómo por mal se las tomasen, y para aquello hacía molestias al pueblo, y otras veces con mañosos artificios; y porque todos los que le veía hacer sería largo de contar, diré uno muy sutil y donoso, con el cual probaré bien su suficiencia”.

Nota: Aunque el blog original iba firmado por Lázaro de Tormes, no hay que fiarse, ya sabéis que en esto de internet la gente se cambia el nombre y se monta una “identidad digital” falsa para colárnosla. Cosas de la tecnología moderna.

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